La mayoría de veces no podemos asumir todos los costos que se requieren para formar un negocio. Es decir, si no tenemos el dinero suficiente para alquilar/comprar un local propio o nos hace falta maquinaria, entonces recurrimos a un préstamo que nos permita formar nuestra empresa.
Cuando hacemos uso de un dinero o beneficio sin haberlo pagado, estamos ocasionando una deuda u obligación de pago a la empresa con la finalidad de que rinda frutos en el futuro. Por ejemplo, si tenemos una fábrica de zapatos y contratamos trabajadores, estamos beneficiándonos con su mano de obra ya desde antes de pagarles.
Para no llenarnos de deudas y saber utilizar correctamente nuestro capital, debemos tomar en cuenta algunas recomendaciones básicas para administrar los costos del negocio sin exceder su capacidad económica.
Antes de constituir el negocio hay que hacer un cuadro con el dinero del que disponemos, el que nos falta y de dónde lo obtendríamos, considerando el porcentaje de intereses que tendríamos que pagar. Por ejemplo, un banco podría prestarnos una cantidad para adquirir los muebles de la oficina con un interés anual del 11%, mientras que un prestamista podría hacerlo con interés del 20%.
Cuando la empresa ya haya empezado a funcionar, habrá que clasificar las obligaciones en corrientes y no corrientes. Al primer rubro pertenecen los gastos que se hacen de manera permanente, como los gastos en planilla, el alquiler del local, el consumo de luz, agua y teléfono y la adquisición de mercadería.
Por otro lado, los gastos no corrientes son los que se tienen que cubrir a largo plazo (de cinco años en adelante) a fin de cubrir el financiamiento para formar el negocio o para ampliar su capital e invertir en nuevas sucursales, entre otras cosas. Dentro de estos gastos se incluye a las cuentas por pagar por préstamos y los créditos otorgados a largo plazo.
Imagen: MercoFinanzas.com

